Para hacer la obra misionera se necesita una Biblia abierta y un atlas abierto.

Para una mayoría de creyentes, misiones se entiende ante todo como las acciones emprendidas por la Iglesia o por personas individuales -misioneros-. No obstante, tanto el mensaje bíblico como la historia de la expansión misionera, nos instan a edificar nuestras misiones sobre un concepto claro del plan de Dios para el mundo y la humanidad.

El surgimiento de una nueva visión en las misiones es una consecuencia directa del análisis del proceso histórico y sus resultados a lo largo de dos milenios. En consecuencia, durante los últimos 50 años en círculos teológicos preocupados se generó una revaluación de la forma bíblicamente relevante e históricamente contextualizada del carácter de la obra misionera. Esa concepción renovada se concentre en cuatro pilares: